Segui @MauNieto Cartas que nunca te di.

Cuando hablo de ti, me refiero a un tú cualquiera.

Text

Hoy te pensé mil veces. Me siento muy frustrado al no poder demostrarte nada. Me hubiera gustado que pasara algo. ¿Habrá sido apresurado? Y es que, no siempre sabemos, es decir ¿A partir de qué momento el interés es apresurado?

Llevo toda la vida escuchando historias. Y así, sin darme cuenta; paso los días escribiendo ajenas, hasta el punto de olvidar la propia. Pero en mi historia tú te fuiste y, contigo se fueron mis ganas. Te fuiste y ya no quiero nada. Quería tanto, pero ya no quiero nada.

Por favor, no vuelvas. No vuelvas, pues no quiero sonreír con tu llegada. No vuelvas sin estar segura, sin saber que esta vez vas a quedarte. No vuelvas si no estás realmente interesada.

De verdad, no vuelvas. Quiero estar contigo en la distancia. Quiero imaginarte entre mis brazos. Y no vuelvas, pues no quiero que te des cuenta, que ya te esperaba.

Lo dijo Marley… (Taken with instagram)

Lo dijo Marley… (Taken with instagram)

Text

Creo que llegué temprano. La emoción me apresuraba. La reservación que había hecho semanas atrás ya estaba lista. Pedí la mesa para dos, la que tanto nos gustaba.

Fue justo en esta mesa donde te vi por primera vez, ¿Recuerdas? Tú ibas acompañada, pasaste junto a mi, en la barra. Tu bolsa cayó al piso, la levanté, sonreíste agradecida y seguiste caminando; nerviosa, con prisa, completamente sonrojada. Me mirabas desde lejos. Tu mirada me gustaba. Y en ese momento, mientras te observaba, supe que había empezado mi historia contigo.

Saliste con él, de la mano. Me volviste a mirar y, aquella bolsa que nos había presentado, seguía en la mesa, cómplice de las miradas. Sabía que no la habías olvidado, estaba seguro de eso. La bolsa era la invitación a seguirte, a conocerte. Así que me paré enseguida, tomé la bolsa y salí corriendo tras de ti.

No habías llegado lejos. En la primer esquina y junto a un taxi te encontré, sola, de él no supe nada y mucho menos pregunté. Sin decir una palabra nos metimos en el taxi. Pocos kilómetros más adelante extendiste tu mano, me quitaste la bolsa, la pusiste sobre tus piernas, te acercaste a mi, y nos empezamos a besar.

Después de un par de indicaciones, el taxi nos había llevado hasta tu casa. Abriste la puerta mientras yo pagaba, nos bajamos, caminamos hacia unas escaleras, y subimos hasta llegar a la entrada de tu casa. Te besé desde la sala, hasta tu habitación. No recuerdo cuántas veces hicimos el amor.

Recuerdo que sentía tu respiración, tu aliento sobre mi cara, tus manos rasguñando mi espalda, recuerdo las caricias, te recuerdo dormida contra mi pecho. Aún recuerdo la siguiente mañana. Con el sol entrando por la ventana, dibujando tu silueta, hermosa, perfecta. La mejor de mis mañanas.

No llegas, ya es muy tarde. Te he intentado marcar, pero tu teléfono parece estar apagado, no respondes. Espero que no tengas mucho trabajo, trabajas tanto. Y yo aquí, sentado. Muero de nervios. Quiero que todo sea perfecto, llevo meses planeándolo. Pero esta noche nada nos puede salir mal.

No sé si pedir algo de tomar. Creo que esperaré hasta que llegues. Esto se debe celebrar. Tanto tiempo juntos, tantos planes.

El anillo no es muy caro, pero me lo ha hecho un joyero muy recomendado. Cuando llegué con él, lo único que me pidió es que le hablara de ti. Así que eso hice. Le conté de tu locura. Que te gusta pintar. Le dije que eras atrevida, aventurera, que te gusta viajar, que ayudas a los demás. Le hablé sobre tu boca, tus ojos, tu nariz pequeña. De lo mucho que te gusta obligarme a bailar. Y así surgió. Un anillo único, diseñado para ti, para tus manos. Ya imagino lo bonita que te verás.

Hace frío y no has llegado. ¿Debería empezarme a preocupar?

Tuve que pedir una copa de vino, necesitaba calmarme un momento. Te intenté esperar, pero los nervios me están matando.

Frente a mi hay una pareja. Se ven tristes. Espero que nuestra felicidad no los vaya a incomodar. Verás, ensayé toda la tarde lo que voy a decir. Tantos besos, tantos viajes, tantos días junto a ti. Me he vuelto impaciente, no soy el mismo si no estoy contigo. Sólo tú sabes tranquilizarme.

He perdido la noción del tiempo. La pareja se ha marchado y las demás mesas también. Estoy solo. Han apagado las velas de la mesa y las luces del lugar. Mi teléfono está sonando. Me da mucho miedo contestar. Lo contesto y no eres tú. Es una llamada desde el hospital. El anillo está en mi bolsa y creo ahí se quedará. 

Text

Aquella noche te encontré, callada. Pudiste haber puesto algún pretexto, pero no dijiste nada.

Quería que te defendieras, que gritaras. Quería que tu mirada me buscara.

Se suponía que nos querríamos por siempre. Se suponía que siempre yo te amara.

Te quise, es verdad. Te quise tanto y, me dolió que nunca reaccionaras.

En la mañana te habías ido. Mis ojos ya no vieron más tu cara.

Y recordé que todavía no te olvidaba. Pero olvidé lo mucho que te amaba.

Perdón, ya no te odio, no te amo. Simplemente ya no siento nada.

No sé si debo perdonarte. No sé si quiera volver a extrañarte. Pero, hoy no. Tal vez mañana.

No estoy aquí: Miedo a no temer.

soyunpato:

Las cosas faciles en mi vida han sido muchas; es facil respirar, caminar, dormir… Lo difícil es dejar atrás lo sencillo, y comenzar a tomar retos. Dar un paso adelante ante situaciones riesgosas, cumplir tus sueños (le pese a quien le pese), dejar de respirar para sumergirte en un mundo de…

Fuente: soyunpato

Text

Nos encontramos justo en medio del camino. Yo huía del calor, mientras tú buscabas quién te diera abrigo. Sonreímos al vernos, como sonríen un par de niños. 

Tú llevabas una falda larga, blanca, casi transparente; suelta, tanto que bailaba con el viento; una blusa que caía por tus hombros, en ese lugar exacto hasta donde llegaba tu pelo.

Cuando te vi, supe que quería estar el resto de mi vida contigo. Acercarme y decirte “hola”, fue casi tan complicado, como obligarme a decirte un adiós tan repentino.

Tu mirada hablaba conmigo. Nos enamoramos, justo antes de encontrar un pretexto para no hacerlo. Ese era nuestro destino.

De pronto el sol se había escondido, te tomó de la mano alejando tu camino del mío. El invierno había llegado y con él, un inminente e irreparable frío.

Necesitaba un pretexto para odiarte y, no encontré uno mejor, que el de tu boca, pronunciando un nombre que no era el mío.

Necesitaba un pretexto para olvidarte y, no encontré uno mejor, que el de tu propio olvido.

Sin embargo aquí estoy, esperando por ti. Como cada año, el invierno espera a que llegue el frío.

Text

Es muy fácil sufrir. Al nacer lo primero que hacemos es llorar, llorar justo antes de respirar. Y es ahí dónde comienza todo, para mostrar nuestra inconformidad; cuando tenemos hambre, cuando tenemos frío, cuando tenemos sueño, cuando nos sentimos mal. Venimos programados para llorar por lo que sea y, es así como aprendemos que sufrir es tan fácil, como natural.

Lo verdaderamente complicado es ser feliz. La felicidad es algo que día con día se busca, se intenta, se idealiza. Y claro, cuando fracasamos en los intentos de llegar a esa felicidad de la que todos hablan, es cuando volvemos a la raíz, caemos en lo básico, lo sencillo, lo poco exigente que es sufrir.

Sin embargo, el sufrimiento colectivo más maravilloso que puede haber, es por amor.

Porque ella te cae gorda, porque las niñas son tontas, porque no te presta sus juguetes, porque no quiere jugar contigo, porque te picó los ojos, porque te jaló el pelo, porque ya no te hace cartitas, porque le gusta tu mejor amigo; porque prefiere jugar fútbol, que estar contigo; porque no te ha llamado, porque coquetea con todas, porque sale mucho de fiesta, porque quiere que sean sólo amigos, porque te cae mal su “mejor amiga”, porque no va a verte jugar, porque toma mucho, porque fuma, porque no lee, porque trabajan juntos, porque no tiene un trabajo, porque no contesta tus mensajes y ya los leyó. En fin, por todo, sufrimos por amor. 

La cuestión es que, sin importar cuál sea la razón del sufrimiento amoroso, es el más noble que hay, el más sincero, el que duele, el que cala, por el que vale la pena llorar, por el que vale la pena sufrir, por el que vale la pena vivir. Y, a final de cuentas, amor no es sólo una palabra. Amor no lleva acento y vivimos acentuando cada una de sus letras. Porque con cada letra se ama igual.

"You can’t ruin a friendship with sex. That’s like trying to ruin ice cream with chocolate sprinkles."

- Raj- The Big Bang Theory (via popitkikat)
Fuente: uv-vodkat

No estoy aquí.: La chica del paraguas azul.

soyunpato:

Si tuviera que narrar una historia, comenzaría por describir la noche lluviosa en que ella decidió caminar por la calle, su paraguas azul y la luz que se encuentra al fondo del callejón saliendo sin recato alguno de un pequeño y roto faro, protegiendo a la joven de la obscuridad y provocando que…

Fuente: soyunpato

Text

Cansada de ser de nadie y tratando de ser de todos. Con la cara lavada, caminando al mismo ritmo que tus ilusiones, tan amable, tan ingenua, tan tonta. Empacaste una maleta para ir a ningún lugar, con la idea de comerte al mundo. Un mundo que desconoces, que te come. Viviendo una realidad compartida, pero ajena al fin.

La traición fue el recurso de tu misma soledad, tu cómplice, tu compañera, tu única salida. ¿Cuántas veces no sentiste que sería de verdad? No es tu culpa, no es culpa de nadie, pues nadie nos enseña a quién, ni cómo amar.

Y de pronto ahí vas. Nuevamente de regreso a casa, sola, enamorada, tan tonta. Porque entregar el corazón no es malo, tonta. La tontería ha sido entregarlo, al corazón equivocado.

Text

Terminamos de cenar y seguimos en silencio. No comentaste nada, pero no fue necesario. Salí de la casa un segundo, fumé, caminé, seguí fumando, regresé y abrí sin hacer ruido.

La puerta de la entrada rechinaba. Había sido mi delatora durante años. Parecía tener algo contra mi pues, siempre avisaba mi llegada, sin importar la hora que fuera, la puerta anunciaba mi llegada. Subí, ya estabas dormida. Me senté en la silla roja, la misma silla roja que buscamos durante meses. Y tal vez fue hasta que dejamos de buscarla, que me llamaste emocionada, me hiciste llegar rápido a casa y ahí estaba, junto a la cama, tu silla roja. La silla roja que según yo, habíamos visto millones de veces y en millones de lugares, por alguna extraña razón para ti esa era diferente, era especial.

 Te observé mientras dormías y recordé cada detalle de nuestros momentos juntos; el día que nos conocimos, la primera vez que hablé contigo, la primer salida juntos, la canción que nos hacía bailar, la película que nos hizo llorar, aquel viaje donde por fin me enamoré de ti y prometí que nunca te iba a soltar.

Te observé mientras dormías y me fue imposible no llorar. He tratado de hacerme el fuerte y he evitado demostrar debilidad. Me levanté en silencio, abrí el closet, saqué la maleta, eché algunas cosas, las demás se quedaron con la esperanza de regresar y no tener que recogerlas. Tomé las llaves del auto, bajé las escaleras y salí de nuestra casa. Esa fue la última vez que la llamé “nuestra casa”. Subí al auto, encendí un cigarrillo y, arranqué, te dije adiós. No nos volvimos a ver.

Text

Si tuviera otra oportunidad, bailaría más, dormiría menos, cantaría sin pena, robaría más besos, recibiría más cachetadas, probaría más comida, haría más deportes extremos, amaría como si nunca me hubieran lastimado, agradecería más a mis padres, abrazaría más a mis hermanos, apoyaría más a mis amigos, jugaría más con mis hijos, pediría perdón y perdonaría más, conocería más lugares, comprendería a quien me juzgó, no juzgaría a quien no me comprendió.

Si tuviera otra oportunidad me esforzaría más, disfrutaría, llevaría más serenatas, jugaría más bajo la lluvia, sonreiría a más gente, provocaría más risas, escribiría más canciones.

Si tuviera otra oportunidad haría tantas cosas diferentes. Aunque todas me llevaran de nuevo contigo.

"El amor es el estado en que el hombre ve las cosas, más que en ningún otro, tal como no son"

- FRIEDRICH NIETZCHE 

Text

Llegaba a casa sin zapatos, oliendo a cigarro y perfume barato. Subía las escaleras, se encerraba en el baño y lloraba. Al principio fue más fácil ignorarnos, con el tiempo la ignorancia hacia el otro no era suficiente y empezó a ser incómoda nuestra presencia en el mismo lugar.

Tuve que aprender a ser infeliz, pues la felicidad me hacía sentir culpable de que ella no tuviera la misma suerte, sobre todo a mi lado. Aunque no siempre fue así. Solíamos reír juntos. Solíamos bailar, cantar. Disfrutaba llegar temprano del trabajo y verla ahí, sentada en el sofá; con la pijama puesta, desalineada, sin afán de coquetear, perfecta.

Acostarme en sus piernas mientras enmarañaba mi pelo era parte de un plan ideal. No necesitaba nada más que su sonrisa. Hacía como que me escuchaba cuando le hablaba de mi trabajo y yo fingía que me estaba poniendo atención.

Con el tiempo nos volvimos dos desconocidos jugando a querernos. Nos aferramos a la idea de que estar juntos era una obligación, más que un deseo. Ninguno quiso ser el que se fuera, el que dijera adiós, el que dejara que todo fracasara, el culpable del final de nuestro amor.

Me pregunto si ¿es posible que haya muerto ese amor? o ¿es que nunca existió? Desde el cuarto la escuchaba llorar. Abriendo los grifos de agua para confundirme con los sonidos. No sabía dónde había estado toda la noche, pero sabía que no quería llegar y estar conmigo.

Al salir del baño me miró. Nos abrazamos un segundo, acarició mi cara, le limpié un par de lagrimas, me sonrió, con la sonrisa retorcida nos decíamos adiós.

El amor terminó con el verano, el dolor comenzó con el otoño y la soledad creció junto al invierno. La primavera no nos esperó.

Text

A veces te escribo sólo para sentir que estás conmigo. Me he cansado de seguir por un camino que no sé a dónde me lleva. Prometimos estar siempre juntos, de la misma forma que se prometen otras tantas estupideces, y al final, nadie más que nosotros somos los culpables de no poder cumplir esas promesas.

 A veces te escribo y puedo oler tu perfume con cada palabra que por ti resulta. No me duele la distancia. Me duelen las caricias que no te he dado y se han quedado atrapadas a mitad de un “Te quiero”. Me convertiste en un escritor que ya no escribe; en un soñador que ya no sueña, en un pensador que ya no piensa en otra cosa que no seas tú.